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Con una satisfacción enorme que se desborda en calor por los poros del alma y desde donde brotan los suspiros más intensos  por los sueños y las metas alcanzadas, la Universidad Bolivariana de Venezuela se viste de toga y boina para alumbrar el horizonte y llenarlo de luz para todos esos hombres y mujeres que hoy avanzan seguros por las sendas del logro profesional de alcanzar un grado académico. Son venezolanos y venezolanas que se llenaron de fe por la propuesta  profunda que hizo el Gran Comandante Supremo Hugo Chávez, de llevar  la universidad hasta todos los rincones de la patria y se abrieran así  los cauces  de la inclusión para que estudiaran los hijos del pueblo, eternos excluidos  por la miserable y detestable democracia puntofijista y reivindicados hoy por la revolución.

Esta Universidad que nació andando por los por municipios, por los caminos y veredas del país, se fue –parafraseando a Ernesto “Che” Guevara”- pintando de negro, de mulato, de obrero, de campesino y de pueblo. Con orgullo, hoy en día es  la Casa de los Saberes, donde la meta que parecía infinita, se hace realidad y se transforma en conocimiento  emancipador, ese que rompe con los formalismos y los paradigmas que petrifican el pensamiento  y lo vuelven anquilosado y  muy alejado de la realidad. Precisamente, en ese marco de ruptura con  los  viejos postulados del claustro momificado, la UBV se quitó el birrete y se puso la boina como símbolo de rebeldía y fuerza revolucionaria y transformadora; convirtiéndose en vanguardia popular que no se le descosen las costuras cuando se asumen conductas firmes y de ataque frontal contra el detestable imperio estadounidense y la miserable oposición venezolana.

La boina llegó para quedarse y es el símbolo de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), siglas escritas en letras mayúsculas que expresan la grandeza de la Casa de los Saberes, fiel defensora de la integridad de la patria y  la dignidad del ser humano.  Este mes de noviembre en el Táchira, la alegría se notó en cada rostro y vemos la mirada profunda de nuestros graduandos, quienes asumieron ese compromiso  de prepararse para asumir roles fundamentales en la refundación  de la República  y defender por todos los medios el legado más grande y más hermoso que no dejó el Eterno Comandante Hugo Chávez: la patria.

Precisamente, la UBV es la hija predilecta de Chávez y hoy, todos quienes laboramos en ella, nos sentimos orgullosos de estar en una casa donde la brisa fresca de la revolución recorre las aulas de clase y el  pensamiento indaga las verdades de nuestro tiempo.

Esa es nuestra universidad, la que no tiene miedo y navega tranquila por las aguas cristalinas del rio de la plenitud. En este noviembre de 2013 en el Táchira fueron 1491 corazones palpitantes de alegría, quienes bañados por la fe y la esperanza, pusieron el empeño de la vida para lograr una carrera profesional y hoy, así vestidos de toga y boina, reciben sus sendos títulos universitarios. Fueron tres días de fiesta académica en la Casa de los Saberes; correspondiendo primero a San Cristóbal, luego en la Grita y  de allí, a la capital de Junín, ciudad donde también se dejó ver la boina azul.

Desde este espacio quiero enviarle un gran saludo a toda la familia de nuestra universidad y felicitar a todos los graduandos y graduandas  por este logro, por esta meta que están conquistando en el día de hoy.
 

PRESA EJE GENERAL CIPRIANO CASTRO/TÁCHIRA

Artículo escrito por: Eduardo Marapacuto. coordinador Eje Municipal El Tamá (Táchira) Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Foto: Yudith Ballen

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